Me iluminé durante un momento descubriendo que es aquello realmente importante y, de repente, cuando quise plasmarlo en un papel... chas! Desapareció lo que durante un segundo tuve tan claro. Quizá la próxima vez o quizá ya no haya otra
Verdaderamente la naturaleza hace sus propias extrapolaciones sobre la belleza de una poesía.
Así, mientras el eternamente enamorado Bécquer hablaba sobre sus oscuras golondrinas:
"Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y, otra vez, con el ala a sus cristales
jugando llamarán;(...)";
la Madre Naturaleza hacía su propia alegoría sobre el pobre bicho, sino ¿cómo se entiende la visión de una triste golondrina disecada en la entrada de su nido que colgó en tu balcón?
Pero lo realmente increíble es la posición en la que sorprendieron los elementos al pajarillo en su último suspiro: las alas plegadas, las patas pareciéronme agarradas a la pared y su pico apoyado en la entrada de su nido. Un didícil equilibrio sostenido por invisible hilos (rollo zen) Luego, supongo, el calor hizo el resto. Curioso...